Lucía tragó saliva.
— No estoy lista.
— Nunca se está listo para los buitres. Pero también sé que es una mala idea no enfrentarlos. Si te escondes hoy, te perseguirán siempre.
Alexander le acarició los nudillos con los pulgares, transmitiéndole su fuerza.
— No queda otra más que presentarte como la