CAPÍTULO 6
Augusto de la Vega y Carlos cruzaron el umbral con una confianza que el dinero de sangre y esfuerzo les había otorgado. El mismo portero que tres años atrás los habría mirado con asco, ahora se inclinó casi hasta el suelo.
— Bienvenidos, caballeros. Es un honor tenerlos en el salón privad