CAPÍTULO 7
La puerta se abrió y Enrique entró, tambaleándose levemente. Su esmoquin estaba impecable, pero su rostro delataba las horas de juego y alcohol en el casino la noche anterior. Se acercó a ella con una sonrisa lasciva, rodeándole la cintura con sus manos. Matilde se tensó de inmediato, sin