CAPÍTULO 310
Benicio de la Vega caminaba con las manos metidas en los bolsillos de su pantalón y el saco al hombro, tarareando una melodía ininteligible. Había dejado a Thiago y Sofía en la puerta del restaurante.
Llegó a una intersección y, con la mente divagando entre el último reporte de logisti