— Y hay otra cosa —dijo Alexander, con un brillo de orgullo en los ojos—. Algo que sé que te va a alegrar. Hoy en la mañana firmamos un contrato.
— ¿Con los japoneses?
— No. Con Javier Zambrano.
Lucía se quedó paralizada. Recordó la discusión en su oficina, su insistencia en salvar la empresa de ca