El salón estalló.
Elisa se llevó las manos a la cara. Rodrigo se giró hacia ella, con los ojos desorbitados.
— ¿Tú... tú me robas a mí?
La señora Miranda no participaba de la conversación. Estaba en medio de todo, inmóvil, observándolo todo con la frialdad de un juez. Anotando mentalmente cada grito