EPÍLOGO
Marianne entró más que algo apurada, nerviosa. Observación de pastel por toda la cafetería. Se le alumbró el rostro al ver en una mesa al fondo una mano alzada invitándola, sonrió y avanzó cuidadosamente hacia la mesa, mientras lo hacía, su mirada se quedó atrapada en el hermoso niño que Karen llevaba en brazos. La mujer se llevó la mano al pecho llena de orgullo, era su nieto. Cuando por fin los alcanzados, sus ojos estaban llenos de lágrimas.

―Hola Marianne―Karen se había puesto de pie para s
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