CAPÍTULO VEINTICINCO
Eran las diez de la noche, algunos se habían despedido personalmente de Christian y le habían deseado una pronta mejora, otros habían prometido que pasarían a ver cómo le iba, él solo quería decirles que ya habían hecho suficiente, que ya no tenía por qué volver a saber de ellos, pero no podía hacer eso, si hacías todo lo que querías o pensabas se te consideraba una persona grosera o irrespetuosa, y luego se le pedía a uno ser uno mismo. La vida estaba llena de reglas y estabas obligado a cumpli