Estaba cerrando la puerta después cambiarse. Caminó hacia el ascensor y cuando éste se abrió vio a la mujer del otro día, era la vecina de Karen, Delia, le había parecido escuchar llamarla. Esta vez venía acompañada de una joven de pelo castaño con mechones rosa. La mujer dibujó una sonrisa al verlo, mientras se bajaba del aparato.
—Buenos días, joven.
—Buenos días, señora—saludó él con educación.
—A parte de bello es británico. —escuchó que susurraba la joven, quien al parecer no le había quit