—Así que te tomaste todo ese estrés de despertarte temprano para prepararme una comida —dijo con calma, su voz profunda y baja, de esas que me hacían revolotear el estómago aunque no lo intentara.
Asentí con timidez, con las mejillas ardiendo de nuevo.
Él lo sabe. Realmente sabe que lo hice por él.
—Juliet…
Dio un paso más cerca.
Su mirada fija en la mía.
—No tengas nunca miedo de enfrentarme. Siempre —siempre— apreciaré y estaré agradecido por todo lo que venga de ti.
Sonreí.
Esa sola frase en