Un mensaje de Dora iluminó mi pantalla.
Recuerda cuando volvamos: o olvidas a Vincent o renuncias.
La rabia ardió con fuerza en mi pecho.
¿Cómo se atrevía a decirme qué hacer?
Si quería presumir de su poder, bien.
Yo le mostraría quién lo tenía de verdad ahora.
Dejé a Joy y Miriam a media frase y me dirigí al asiento vacío del fondo.
—¿Adónde vas? —preguntó Joy.
—Voy a hacer una demostración —dije.
—¿Qué…?
—Voy a llamar a mi mamá.
—Está bien, iré para saludarla…
—No. Luego, Joy.
Ella frunció el