Con su segundo hijo, una pequeña llamada Sofía —nombre que Emma había elegido deliberadamente para resignificar completamente esa palabra tan cargada de dolor durante un período de su vida, transformándola ahora en un símbolo genuino de sanación y nuevos comienzos —ya cumpliendo sus primeros meses de vida con una salud considerable, Emma y Luca comenzaron a considerar cuidadosamente la próxima etapa de expansión para el proyecto gastronómico que continuaba consolidándose exitosamente en diversa