Me acerco a su cama, necesito constatar que todo está bien con ella, que lo que dijo el médico ha sido una gran equivocación. Ella no puede estar enferma, mi vieja no puede dejarme. ¡Se lo prohíbo!
―Nana…
Abre los ojos al escuchar mi voz. Su semblante es pálido, parece cansada. Fuerzo una sonrisa, a pesar de que los seis pares de músculos involucrados se niegan a hacerlo.
―Hijo ―extiende su mano para que la tome―, siento mucho haberme ido de la casa esa manera.
Niego con la cabeza. Aquí el únic