38. La Pequeña Sobrina del Millonario
—Es bueno que estemos diciéndonos las cosas cómo las sentimos, después de todo no esperaba menos de ti, te gusta lastimar a los demás —susurró apretando los dientes, una mezcla de molestia y decepción asidua al dolor por su franqueza —. Podemos dejarlo hasta aquí, terminemos de una vez por todas con el error y ve a buscar a alguien que sí esté a tu altura.
Si eso sucedía, no sabría qué hacer. Pero no actuaría desesperada, no iba arrastrase a su pies.
—¿Es lo que realmente quieres? —Inquirió apr