22. La Pequeña Sobrina del Millonario
Mariané abrió la boca, era raro que Ismaíl estuviera dándole de comer. Su delicada atención le resultaba agradable y un aliciente su compañía. Estaba agotada pero el caldo empezó a surtir efecto y se sintió más animada.
—Debes descansar —susurró Ismaíl, limpiando su comisura con una servilleta de tela. Torció los labios y negó con la cabeza —. Lo harás si quieres mejorar, ¿de acuerdo?
Mariané hizo un puchero y lo miró con ojos suplicantes —Duerme conmigo —imploró —. Lo haré si te quedas.
Ismaíl