- Estoy bien, por Dios santo Easton ‒apenas y me movía y ya se estaba apresurando para evitar que lo hiciera‒, no me va a pasar nada si voy al baño ‒lo miro frunciendo el ceño, estaba comenzando a arrepentirme del pensamiento que era bueno tener a alguien que me cuidará.
- No lo puedo saber con certeza ‒suspiro de pura frustración.
- Ya estoy comiendo, hace dos días me dieron el alta porque estoy bien, ¿qué más quieres para que me dejes en paz? ‒en ese sentido nos parecíamos mucho, éramos igual