POV DE JOSE
Mi mundo se siente inclinado. El olor del whisky de anoche aún se aferra a los poros de mi piel, mezclándose con el aroma del asfalto caliente bajo mis zapatillas caras. Estoy de pie frente al portón de la clínica de Nina, pero no me siento como un paciente que necesita ayuda. Me siento como un león que acaba de encontrar de nuevo a su presa, solo para ser detenido por una cerca de alambre de púas.
—¡Abran la puerta! ¿No saben quién soy?! —grito. Mi voz es ronca, quebrada por la ira