La madre de Diego, Mercedes, agarró a Valentina por la ropa y le hundió la cabeza en la fuente.
El agua, aunque no fluía rápidamente, resultaba especialmente angustiante al entrar en sus vías respiratorias.
Valentina se atragantó varias veces y cada vez que tosía, más agua entraba en su garganta.
Después de un rato, Mercedes la levantó por el cuello de la ropa:
—¿Qué tal? ¿Has sentido la desesperación que sintió Regina cuando no podía respirar? ¡Cuando aunque te esfuerces por vivir, no puedes ha