Mundo de ficçãoIniciar sessãoEsa misma tarde, después de almorzar me quedé mirando la taza con el té que habia dejado en la mesita de noche.
Mi nueva habitación poseía una cama grande de uno treinta donde podía tumbarme muy a gusto. Las almohadas eran muy blandas, seguramente de algodón. Las sábanas eran tan suaves que me recordaban a las que tenía mi abuela. También pos







