El motor del auto ronroneó cuando Caleb giró la llave, y nos alejamos del lugar apartado donde nuestras vidas habían cambiado para siempre. Mi mente se aceleraba con las implicaciones de lo que acababa de suceder, y un nudo de ansiedad se formaba en mi estómago.
—Caleb —comencé, vacilante—, ¿cómo vamos a hacer esto? ¿Cómo le contaremos a tu familia, a la manada, sobre nosotros?
Se acercó y tomó mi mano, su toque era tranquilizador y cálido, transmitiéndome una seguridad que apenas lograba asimi