—Mis hijos…—declaró Caleb.
Mi corazón dolía por el peso de las palabras no dichas y el capítulo final de una historia que nunca fue verdaderamente nuestra.
—¿Disculpa? —La voz de Aurora atravesó el silencio, sus ojos azul hielo se entrecerraron mientras se volvía hacia Caleb. —¿Que acabas de decir?
—Los trillizos de Freya son mis hijos. —repitió Caleb, su tono firme, cada palabra aterrizando como un golpe.
Los murmullos estallaron alrededor de la mesa, los susurros se arremolinaban como una to