El olor a pino y tierra llenó mis pulmones cuando salí al porche de madera de la casa de mi padre, con el rocío de la mañana pegado a mis pies descalzos. Mi mirada vagó por la exuberante extensión verde del jardín donde los trillizos se revolcaban en la hierba, sus risas se mezclaban con el susurro de las hojas en la suave brisa.
A mi lado, April los miraba jugar, sus ojos marrones reflejaban una calidez maternal que siempre parecía tranquilizarme.
—Freya —comenzó, su voz suave pero llena de p