Decir adiós a Liam siempre era doloroso, pero esta vez se sentía aún más difícil. Su partida significaba un vacío inmediato en mi vida, sobre todo después de la pérdida de mi padre.
Nos encontrábamos en el borde del bosque, donde el sol empezaba a esconderse tras los árboles, bañando todo en una luz dorada.
—Liam, por favor, ten cuidado —le dije, tratando de mantener mi voz firme.
Él me sonrió, esa sonrisa cálida que siempre lograba calmar mi corazón. —Siempre lo hago, Freya. Te espero pronto