** CALEB **
Encaramada en el borde del ala oeste, mi mirada se extendía por la extensión de nuestro territorio, un mar de esmeraldas y oro bajo el sol poniente. Mis ojos, aguzados por el lobo interior, podían detectar el aleteo de un gorrión o el susurro de una hoja en el árbol más lejano. Pero a pesar de todo su poder, no lograron encontrar a Freya, su presencia era tan esquiva como el susurro del viento entre las ramas.
Los árboles se alzaban como centinelas silenciosos bajo la luna menguante