**FREYA**
El ala este del castillo se alzaba ante nosotros, sus antiguas piedras susurraban secretos de épocas pasadas. Los ojos grises de Aidan reflejaron la luz de la tarde cuando se encontraron con los míos, con una suave calidez en su mirada.
—Ámber, Freya —comenzó, la cadencia de su voz armonizaba con el susurro de las hojas que nos rodeaban—, mi hermano ha decidido concedernos una casa en esta ala. Es nuestra para llamarla hogar.
Podía sentir la mano de Amber apretarse alrededor de la mí