David nunca se había imaginado que Sophia, quien era fina y considerada ante sí, podía llegar a ser tan maliciosa en secreto.
—David, ¡me oiga! ¡Le explico!
El golpe la hizo vertiginosa, pero lo aguantó levantándose del suelo e intentó justificarse.
—Es… es que usted me importa muchísimo, así que he quedado obsesionada; sentí la envidia hasta hacerme loca todas las veces que miraba a Vivian. Yo… yo no he hecho nada que quererle demasiado, David.
Dijo Sophia mientras trató de tirar de la esquina