—¿Podemos hablar a solas, Lena? —Sin darme un segundo para responder, ella hizo un gesto para que la siguiera y se dirigió hacia un par de puertas francesas.
Con las emociones aún a flor de piel por lo que había sucedido minutos antes en el baño, ella era la última persona con la que quería hablar en ese momento. Sin embargo, como una cachorrita bien entrenada, la seguí. Cerró las puertas firmemente tras de nosotras.
—Siéntate. —Señaló un sofá de cuero marrón. A diferencia del resto de la casa,