Un silencio absoluto se extendió por la sala apenas Logan terminó su pequeño discurso. Se miraron fijamente.
Damián no dio crédito a lo que estaba viendo sobre su mejor amigo.
—Maldita sea, me conoces —dijo amargo y con una sonrisa, de paso—. ¿Sabes? Voy a preparar de cenar, los voy a esperar. Quiero hablar con ella. Necesito hacerlo. —No esperó su bendición, sino que cruzó la sala y fue directo hacia la cocina sin duda alguna.
—¿La viste el día de la boda? —inquirió a sus espaldas.
Se detuvo.