—Buenas tardes —saludó Ciabel entrando a la consulta.
Damián se limitó a sonreír con la boca cerrada.
La ginecóloga estaba acomodando la pantalla. Sonrió al verlos y se acercó.
—Bienvenidos. —Miró al castaño. Parpadeó, no esperaba ver a un modelo dentro de su consulta. A veces, era inevitable, aunque los famosos iban a consultorios mucho más caros que el suyo—. Usted... ¿debe ser el señor Armstrong?
—Soy Phoenix —aclaró incómodo. Era bueno que no supiera quién era.
—Recuéstate en la camilla,