Capitulo 30. Despedidas de hermanas
Adriel frena de golpe en el estacionamiento subterráneo de su edificio, se baja a toda prisa del coche y se dirige al ascensor; sin saludar, sin mirar a nadie.
El desespero lo estaba carcomiendo por dentro mientras que el aparato metálico subía piso por piso, en cuanto sonó el timbre indicando que había llegado a su apartamento; casi que él mismo abre las puertas para salir.
Pero al hacerlo, Adriel se da cuenta de que los guardaespaldas de Ofelia no estaban en el corredor. Eso no le agrado. El