—No, me puede llamar Pao, no quiero formalidades y menos de señora porque no soy tan vieja como…
—Ja, ja, ja —me interrumpe soltándose a reír—, hasta un ciego puede notar que usted es una señorita.
¿Qué es lo que dice? Será que en mi frente dice que aún soy virgen.
Sacudo mi cabeza para luego sentir cómo arden mis mejillas, siento vergüenza porque la señora ha notado que soy una chiquilla.
—Una pregunta, puedo saber cuánto tiempo tienen de trabajar aquí o los que compraron esta casa los conoce,