Después de que le dieran su alta a Mónica del hospital, estuve "pendiente" de ella, si es que se le puede decir así, le contraté los mejores servicios para que ella estuviera tranquila y no me molestara, pero como era de esperar de LaVein, eso no le impedía llamarme a mitad de la noche, diciéndome que necesitaba urgentemente que fuera a verla, que quería que la ayudara con el niño ya que no paraba de llorar. Todavía sigo acostado en mi cama, mirando el techo mientras escucho sus miles de quejas