La mujer rio suavemente y levantó la cabeza, encontrando la mirada de Ximena.
Al ver esos ojos, Ximena se quedó petrificada al instante. ¿Manuela? ¿Cómo podría aparecer de repente aquí?
Los ojos de Manuela estaban enrojecidos por la ira, fijos en Ximena con un intenso resentimiento.
Lentamente, su mano salió del bolsillo, y con una voz que solo Ximena podía escuchar, dijo: —¡Ximena, vete al infierno!
Dicho esto, sacó rápidamente la pistola y la apuntó directamente al pecho de Ximena.
Los ojos de