Al escuchar las palabras de Alejandro, Ximena sintió cómo un escalofrío recorría su cuerpo. Cerró los ojos y una mueca de resignación apareció en sus labios.
Si lo explicaba, ¿realmente creería en sus palabras?
—¡¡Habla!! —Alejandro gritó de repente con furia.
Ximena lo miró con indiferencia y dijo:
—Alejandro, ¿realmente crees que me creerías si te explicara? Si no confías en mí, cualquier explicación que te dé será inútil.
—No quiero escuchar esas palabras, solo quiero que expliques —exclamó