Ramón sacudió la cabeza, aturdido.
Miró a Felipe con asombro, nunca imaginó que su hijo más querido le diría tales cosas.
Abrió la boca, intentando decir algo, pero Felipe continuó:
—¡Nunca debiste traer a esa perra de vuelta! ¡Desde ese día, todo lo que has hecho ha sido un error! ¡Si no la hubieras traído, este mundo no tendría que cargar con la maldición que es Alejandro!
Ramón sintió que se le nublaba la vista.
¿Qué estaba diciendo Felipe?
¡Se atrevía a faltarle al respeto de esa manera!
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