Alejandro mantuvo una mirada firme en sus ojos oscuros. Ximena comenzó a calmarse gradualmente.
—Alejandro, si pones a los niños en cualquier tipo de peligro, nunca te lo perdonaré. —Ximena había sentido lo despiadado que podía ser Don Ramón. Por lo tanto, realmente no se atrevía a exponer a los niños a semejante demonio. Sin embargo, las palabras de Alejandro le daban cierta sensación de seguridad.
Alejandro respondió seriamente:
—Entendido.
En el Hospital Reinovilla, Samuel salió del hospita