La médica sintió que los vellos de su cuerpo se erizaban inexplicablemente, como si de repente en el aire surgiera una corriente de aire frío y siniestro.
Esta corriente anormal penetró en sus poros, haciéndola sentir un escalofrío.
¡Claramente la habitación tenía la calefacción encendida!
Aprovechando la oportunidad, la médica miró a su alrededor y, al ver un papel, lo agarró rápidamente y se lo entregó a Liliana.
—Liliana, ¿puedes dibujar a esta linda señorita ahora?— preguntó la médica.
Lilia