El peso que Alejandro llevaba en el pecho desapareció instantáneamente. Exhaló profundamente y se acercó a Ximena.
—Vamos, te llevaré de vuelta— dijo suavemente.
—Alejandro, ¿por qué me humillas? ¿Por qué tienes derecho a humillarme?— La voz de Ximena sonaba excepcionalmente fría.
Alejandro apretó los labios con fuerza.
—No fue mi intención humillarte, tenía miedo de que algo te pasara.
—¿Entonces traerme al hospital significa que asumes que tengo una relación complicada con Felipe, verdad?— X