Nicolás encogió los hombros.
—La realidad es así, las lágrimas y la mucosidad nunca terminan.
—¡Estoy preocupada por mamá!— protestó Liliana. —¡¿Quién puede estar tan tranquilo como tú, hermano?! ¡Ni siquiera pareces amar a mamá lo suficiente!
Nicolás le dio palmaditas en la cabeza a Liliana.
—Te quiero en mi corazón, tú lo muestras en la superficie.
—¡Ugh!— Liliana se enfureció y golpeó a Nicolás. —¡Hoy voy a meterte un calcetín sucio en la boca!
Mariano sacudió la cabeza con resignación. Sab