Veinte minutos después.
Oficina de la Dirección en Medelyn.
Alejandro apenas llegó a la puerta de la oficina cuando escuchó el sollozo de Liliana.
—¿Por qué me culpan? ¡Él fue quien dijo que soy un bastardo! ¡Tengo un papá, no soy un bastardo!
—¡A esa edad tan joven ya aprendiendo a pelear, realmente eres una mala influencia por no tener padre! ¡Te voy a expulsar hoy mismo por atreverte a golpear a mi hijo!
Al escuchar la conversación, Alejandro frunció el ceño, su rostro oscurecido por la ira.