La frase de Andrés dejó a Jaime sin aliento durante mucho tiempo.
A la mañana siguiente, temprano.
El médico vino a hacerle un chequeo a Ximena.
Alejandro, que no había dormido en toda la noche, con los ojos inyectados en sangre, observaba cada movimiento del médico.
Cuando el médico salió, Alejandro se le acercó rápidamente y preguntó:
—¿Cómo está ella?
El médico se quitó el barbijo.
—Ya ha pasado el peligro, ahora solo queda esperar a que despierte.
—¿Cuándo podrá ser trasladada a una habitac