La sonrisa en el rostro de Giorgio se desvaneció lentamente. Retiró la mirada, tomó la taza y dio un sorbo al café.
—Alejandro, ¿quieres que frene la compañía de mi aprendiz?— Giorgio habló con voz suave, con un tono ligeramente molesto.
—Podrías decirlo de esa manera— Alejandro cruzó las piernas, apoyándose en el respaldo rígido del sofá.
Giorgio preguntó:
—Dime las razones.
—Los diseñadores buscan la fama, los empresarios buscamos beneficios. Estoy planeando el futuro de la empresa; ¿hay algo