Él sintió algo inexplicable en su corazón,
—Sobre el asunto de mi madre, no me has dado una explicación.
—¿Explicación?— Ximena se burló fríamente —¡Está bien! Te la doy.— Ximena levantó la barbilla de Alejandro y agarró su mano grande, colocándola en su propio cuello.
—La explicación está aquí, ¡tómala si quieres!— Las puntas de los dedos tocaron el calor en el cuerpo de Ximena, y los ojos sombríos de Alejandro se entrecerraron de repente.
—Ximena, ¡no me fuerces!—Alejandro, si ya has decidido