Ximena se rió fríamente,
—Alejandro, ¿sospechas de mí solo porque estoy cerca de tu madre? ¿Qué beneficio obtendría yo de hacer eso? ¿Solo por el placer momentáneo de la venganza?
— ¿Y si no?— preguntó Alejandro.
—No soy una tonta— dijo Ximena, —¿No podrías, con tu habilidad, descubrir quién es el responsable? ¿Por qué arriesgaría ganarme tu resentimiento haciendo algo así?
Alejandro la miró detenidamente. En su rostro no encontró señales de mentira.
Al ver que Alejandro no respondía, Ximena di