Mariano entró en la sala de estar envuelta en humo y se sentó en el sofá al lado de Alejandro. Al intentar obtener información, notó los moratones en los labios de Alejandro y sus ojos inyectados en sangre.
Mariano permaneció en silencio. Abrió una botella de licor y se sirvió a sí mismo.
—No tiene gracia beber solo, estaré contigo— comentó mientras chocaba su vaso con el de Alejandro.
Después de vaciar su vaso de un trago, Mariano se sirvió otra vez en silencio. Alejandro observaba sus accione