Pero en presencia de todos, ella mantuvo su apariencia de serena y virtuosa.
Horas después, regresaron a Reinovilla. Esta vez, Alejandro no hizo que Eduardo llevara a Ximena de vuelta a Valleluz, sino que la llevó a la empresa.
Cuando llegaron a la oficina después de tanto tiempo, Ximena quedó atónita al ver que habían retirado la pared de cristal que solía separar la oficina del presidente de la suya. Lo que antes había sido una división ahora estaba completamente abierta.
La alegría de Ximena