En la mañana, a las diez en punto, Ximena recibió una llamada de la policía diciendo que querían discutir el incendio en la fábrica.
Cuando llegó a la comisaría, los policías le ofrecieron un vaso de agua y luego se sentaron a hablar con ella. Uno de los policías le preguntó:
—Señorita Pérez, lamentamos mucho que hasta ahora no hayamos podido resolver este caso de incendio, pero ciertamente hay algunas circunstancias sospechosas.
Ximena tomó un sorbo ligero de su café y dijo:
—Por favor, conti