Simona entró empujando la puerta y escuchó dos voces desconocidas.
—Madre, esos dos malditos niños son realmente tacaños, no me dejan jugar con nada.
—¿Qué no te dejan jugar?
—¡Las computadoras! ¡Nicolás no me deja tocarlas! Y también las tabletas, dice que no soy digna.
—¡No puede ser! ¿Por qué no te deja? ¡Vamos, te llevaré a conseguirlo!
Dicho esto, una mujer alta y una niña salieron de la sala de estar y chocaron justo con Simona.
Simona parpadeó sorprendida, ¿quién eran estas dos personas?