—Renata, arriba hay mucha gente y mucho ruido, así que no te llevaré contigo. Le pediré a la doctora Cubillos y al guardaespaldas que te lleven a dar una vuelta por aquí cerca y comprar algo rico para comer, ¿está bien?
—Oh—Renata obedeció y volvió a meterse en el coche.
Ximena miró a la doctora Cubillos y dijo: —Doctora Cubillos, disculpe las molestias, pero por favor, mantenga un ojo en Renata y asegúrese de no perderla.
—No se preocupe, señorita Pérez—respondió la doctora Cubillos antes de p