Ximena, con lágrimas que brotaban de sus ojos, preguntó incrédula: —¿Nicolás, eres tú de verdad?
No podía creer que su hijo pudiera aparecer ante ella, sano y salvo.
Recordaba claramente que Nicolás había caído desde una gran altura...
—Mamá—Nicolás, con su rostro apuesto, mostró una expresión de resignación.
—¿Qué estás diciendo? Si no soy yo, ¿quién más podría ser?
Tras recibir una confirmación, Ximena se apresuró a secar sus lágrimas.
—No es nada, Nicolás, solo era mamá diciendo tonterías, y